Después de bebernos el cava español fuimos al hostal. Oh, !qué hostal! Mas de 10 olores diferentes y ninguno de ellos era bueno. Salimos de allí por patas y nos fuimos a buscar un bar. Me sorprendió que Alemania tiene casi tantos bares como España. Nos metimos en el primero que vimos y allí conocimos a José María, de Zamora, que llevaba 40 años viviendo en Köln y cerveza, va cerveza viene, Jägermeister va, Jägermeister viene. Os podéis imaginar en que condiciones íbamos a las 8 de la tarde. Tras ir a buscar a un amigo alemán a la estación, fuimos a los bares de allí a ver que se cocía. Algo bueno de esa ciudad/país es que puedes beber por la calle como si estuvieras en tu casa, motivo por el cual una botella de cerveza era el apéndice de nuestro brazo. Tras unas "cañitas" nos volvimos al hostal a medianoche, lugar donde 4 se fueron a dormir; me quedé con Henri tomando mas cervezas hasta las 6 de la mañana.
A las 9 de la mañana nos levantamos y tras el obligatorio chupito de Sambuca para desayunar, nos fuimos a ver la ciudad. Primera parada: la catedral de Köln. 157 metros, 509 peldaños, 2 horas de sueño y resaca. Lo mejor para empezar el día. Merecía la pena, las vistas son impresionantes. De ahí nos fuimos a las ferias para continuar con la ruta cultural y tomanos unas bratwurst, increíbles las salchichas alemanas, sobre todo si las acompañas con una buena jarra de cerveza! En estos momentos pensareis que lo único que hicimos allí fue beber cerveza, no? Bueno, nada mas lejos de la realidad. Allí la cerveza es mas barata que el agua casi y si, es buena. Ya era bien entrada la tarde cuando se terminó la excursión por las calles de Köln, nos volvimos al hostal y nos preparamos para la noche. Se presentaba tranquila, estuvimos dando vueltas hasta que encontramos un taberna irlandesa. En ese momento, uno de los integrantes del grupo de nacionalidad española, decidió desnudarse y empezar a cantar en medio de todas las mesas... Por supuesto que su percepción era distinta a la nuestra así que decidimos echarlo nosotros mismos. Por cierto, si alguna vez no os aceptan la tarjeta de crédito porque no llegáis a 15€ de compra, no hagáis como nosotros y digáis "mete chupitos hasta que llegues a 15". Terminareis mal.
El último día lo dedicamos para tomar una comida típica alemana. No se por que lo llaman típico cuando lo puedes comer en cualquier bar de mala muerte del mundo. "¿Esto es lo mejor que tenéis, queridos amigos alemanes?" El día transcurrió con la visita al museo del deporte y un paseo por los puentes y las orillas del Rhein, realmente bonito con toda la ciudad al fondo. Además, ese día era el clásico, así que volvimos a la taberna en la que estuvimos el día anterior a ver el partido. Estaba lleno de españoles! Al terminar el partido nos fuimos a dormir, a la mañana siguiente nos levantabamos a las 5 para poder llegar a coger el avión a Düsseldorf. He de decir que casi no llegamos. Debíamos bajar en una ciudad que tenia dos estaciones, Krefeld. Total, que el Fines la lió parda y nos hizo bajarnos en la estación equivocada aprovechando que estábamos durmiendo. Teníamos que ir a la vía 5 cuando en un momento de vista rapido, vimos que solo había 4 andenes. !Joder! ¿Y ahora que? Dos se fueron a buscar taxi y yo me quede buscando otro enlace con la maquina expendedora. Afortunadamente pasaba otro tren por allí que iba a hasta nuestro destino. Llegamos al aeropuerto y desde allí, a Lappeenranta.Otro gran viaje.
2 comentarios:
En todos tus viajes te lo pasas bien! Parece que las rubias siempre son buenas compañeras de viaje :)
Por tu bien te lo digo. No vuelvas a España!!!!!!!!!!!!
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