"Ya en la avioneta (a la que accedí a subir porque era Finlandia y el primer mundo ya que de lo contrario, no me monto ni de coña. El avión tenía menos capacidad que el 33, con una hélice a cada lado del avión, sin alas e íbamos unos quince pasajeros) nos sentamos y disfrutamos de un bonito paisaje trufado de lagos helados y abetos gigantes.To be continued...No os asustéis por la extensión del texto (si es que habéis tenido cojones de leer hasta aquí) que a partir de ahora los días en Lappeenranta son superfetatorios (para los de la LOGSE como yo, repetitivos o redundantes). Dormir, comer, jugar al guiñote, beber vodka, repetimos.
La noche del viernes nos dispusimos a echar unos tragos del vodka estonio ese tan guay, ese tan guay que a continuación describiré cuales fueron sus efectos en todos nosotros.
El primero en caer fue Javi, empezó a inventar pirámides de Javi, condonadme que no puedo más, me quiero ir al saco que una retirada a tiempo es una victoria, etc. Huelga decir que luego fue apaleado y zarandeado dentro del saco hasta la extenuación, con todo merecimiento por supuesto. Primera víctima. Lorena fue el siguiente daño colateral del vodka guay, arrastrándose como una culebra consiguió llegar hasta el baño situado a un metro y medio de la mesa. Además, inventó el “avisador” de que estaba bien, es decir, sacar dos dedos del pie (no más) por la puerta y moverlos haciéndonos ver que estaba viva y bien. Evidentemente no, no estaba bien.
A todo esto, Alex, sabio él, no bebió nada mientras se reía de nosotros y recordaba esos momentos para contárnoslos al día siguiente y de esa manera yo pudiera transmitíroslos a vosotros. Por último, quiero nombrarme a mí, he de reconocer que por la noche no me parecía mal vodka ni de mala calidad pero al día siguiente por la mañana fue la muerte en vida. Insufrible, mortal, mortífero, letal, tóxico, insalubre, dañino, perjudicial, pernicioso, nocivo, alcohol de quemar, maléfico, deletéreo, maligno yo que cojones sé. Me duche unas quince veces, yacía en la cama diciendo cosas sin sentido, alucinaciones y comprobé la anisotropía del mármol del lavabo que se comporta diferente según el ángulo de pote, no volví en si hasta casi las cinco de la tarde. Por cierto, no se me ha olvidado poner lo que le pasó a Julián, no le pasó nada, un vaso de agua fresca a la mañana siguiente y a funcionar.
Alrededor de las cinco y media de la tarde me fui a dar una vuelta con Javi por Lappeenranta y, aún en estado alucinógeno, propuse a Javi ir a comprarnos un helado al SuperMarket ya que sería guay comernos un helado rodeados de nieve por todos los lados. Ya sabéis que si es guay Javi siempre acepta así que el se compró un Magnum de chocolate blanco y yo un Twister. A la vuelta, y todavía sin tener muy claro por dónde me daba el aire, Julián aprovechó mi estado catatónico para hacerme un facebook. Sí macho sí, tengo facebook.
Después de cometer la herejía y cenar no me acuerdo el qué, nos marchamos a un zulo en el que había unos cuantos españoles dándolo todo con música de los años 40 para a continuación partir hacia “Diva”, discoteca lappeenrantina por antonomasia. Pagamos todos seis euros por la entrada (excepto Julián que se coló) pero la verdad es que estaba bastante bien, incluso me compré una cocacola con una moneda de blackjack que me dejaron. El resto de la noche los cinco lo dimos todo hasta el cierre a las 3 30 de la madrugada dejando alto el pabellón y demostrando a la muchachada finesa quién mandaba. Esperando en la fila el taxi de vuelta (si tíos, en Finlandia se respetan las filas) hubo que destacar un “fucker mother” y “son of bitch” que Julepe dedicó a un fanega finés ahora no recuerdo el porqué."
martes, 13 de abril de 2010
Mañicos por el mundo (III)
On behalf of "El Platón de Torrero":
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